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| PREFIERO LA INCERTIDUMBRE |
La Vanguardia, 01/03/2008
Sueldo elevado. Contrato fijo y estable.
Horario cómodo. Sin presiones
de los altos jefes. Y aun así lo deja todo. Eso ha hecho Mónica Lapeyra,
de 41 años. “Desde los 18 años he
estado trabajando en una entidad
fi nanciera y hace poco más de dos
la he dejado. Han sido veinte años
en la misma empresa”. Casi una tradición
familiar porque su abuelo ya
trabajaba allí. “Estudié Económicas
–en la facultad conocí a Ángel (entrevistado
en la anterior página), mi
pareja–, empecé a trabajar y al cabo
de unos años estudié Psicología y
después me especialicé.
Hice PNL, un máster de Ludoformación y un largo etcétera. Pero continuaba trabajando en la misma empresa. Tenía buenos jefes, mi tarea era relajada y tenía un buen horario. Aun así yo quería hacer algo distinto y en esa medida iba creciendo mi insatisfacción. ¿Pero para qué cambiar si yo ya era una privilegiada según lo que nos transmite la propia sociedad?”.
El tumor cerebral que le detectaron en el año 2000 aceleró ese diálogo interno. “Me sentía incoherente conmigo misma. ¿Qué hago si lo que quiero es tratar a las personas? Empecé a colaborar con ONG. Después Ángel y yo creamos una para ayudar a los niños de la calle, y así poco a poco me iba distanciando de la empresa. Cuando en el 2005 Ángel me dijo que él cambiaba de vida y dejaba el trabajo, decidí coger una excedencia de seis meses y marchar con él a México. Después ya volvería al trabajo. Lo que no sabía era que el viaje a México me iba a cambiar tanto. Allí traté a torturados, indígenas, familiares de desaparecidos... Fue muchísimo más duro que el tumor que sufrí. Cuando volvimos yo no era la misma. Trabajé unos pocos meses más y decidí dejarlo definitivamente.
Abrí una consulta de atención psicológica y empecé a dar cursos de formación en empresas para rescatar la parte humana de las empresas”. En los cursos también aplica técnicas de risoterapia porque dice que le encanta hacer reír y disfrutar a la gente. “Ahora gano menos dinero, pero prefi ero esta incertidumbre y estar tranquila conmigo misma que la seguridad económica y la insatisfacción interna. Al volver de México me di cuenta de lo absurdo que es tener miedo aquí. Allí está en juego la vida”. Gana menos dinero, pero está mejor. “Por las mañanas me despierto motivada, no forzada. Me siento libre y con cierta soledad”, la soledad del guerrero, aunque bien acompañada por Ángel.
CUANDO MÓNICA VOLVIÓ DE MÉXICO VIO QUE SU VIDA YA NO SERÍA LA MISMA
Mónica Lapeyra se ha especializado en los recursos del juego para tratar a los pacientes
