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| Vecinos, NO Enemigos |
La Vanguardia, JORDI JARQUE, setembre 2010
¿Qué hacer con las personas molestas que viven enfrente de su casa? Hay múltiples posibilidades antes que reaccionar con la adrenalina descompensada. Los expertos aportan algunas estrategias prácticas
Si de por sí puede ser duro volver de vacaciones y reincoporarse a las rutinas laborales, más lo puede ser si eso significa reencontrarse con aquel vecino insoportable que hace vibrar las paredes del dormitorio cuando enciende su televisor a un volumen invasivo. O tal vez no hace ruidos, pero sí tiene un perro en el jardín de la casa paraeda que ladra hasta a las hormigas. Ante tal situación, sobre todo cuando se repite a diario y no hay manera de pegar ojo, la adrenalina sube a niveles estratosféricos, la sangre se agolpa en la cabeza y… una vocecita interior, que a veces acierta y a veces no, aconseja: “paciencia, paciencia, son vecinos, no enemigos”. ¿Es esa la manera de solucionar las desaveniencias con los vecinos o hay que pasar al ataque con medidas contundentes? ¿Mejor hacerse el simpático como si nada ocurriera con la esperanza de un cambio utópico? ¿Qué hacer con los vecinos molestos y el estrés que producen?
“Los problemas con los vecinos los vivimos como un ataque a nuestra intimidad y a nuestro bienestar, y esos son elementos importantes en nuestra vida. Por eso a veces nuestra reacción es intensa y desmesurada”, explica Mònica Lapeyra, psicóloga especializada en inteligencia emocional. Jon Kabat-Zinn, fundador y director de la Stress Reduction Clinic y el Center for Mindfulness in Medine, Health Care and Society de la facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts y autor, entre otros libros, de Mindfulness en la vida cotidiana (Ed. Paidós), explica el ejemplo de la reacción del Dalai Lama ante la agresión de sus vecinos chinos: “Nos lo han arrebatado todo; ¿debería permitirles que me arrebaten también la mente?”. Pero no todo el mundo es el Dalai Lama y llegar a esta actitud parece algo difícil, claro. Incluso puede parecer una broma de mal gusto cuando los nervios están a flor de piel, aunque también es verdad que en la diplomacia todo es posible.
Pero volviendo a los vecinos del mismo edificio, Jon Kabat-Zinn reconoce que tener paciencia ante una provocación no surge de manera espontánea. “No es que no emerjan sentimientos de enfado; pero se puede trabajar con el enfado y aprovechar su energía para alimentar la paciencia, la compasión, la armonía y la sabiduría en nosotros y, quizá, también en los demás”. Esther López, psicóloga, psicoanalista, mediadora en situaciones de conflicto, señala que tampoco es necesario llegar tan lejos y buscar la armonía y la sabiduría cuando los vecinos molestan. “Son palabras grandilocuentes y nosotros somos seres humanos de carne y hueso que tienen que lidiar con situaciones muy terrenales”. Juan Carlos Albaladejo, psicólogo, psicoanalista, añade que no todo el mundo reacciona igual porque las molestias afectan de manera distinta a cada persona. “No deja de haber un elemento subjetivo en cuanto a la intensidad de la molestia”. También el propio Jon Kabat-Zinn previene sobre las personas que creen encarnar la actitud perfecta como si las emociones negativas no existieran. “Todos tenemos una vida emocional. Si nos desconectamos de ella, corremos un gran peligro”. Tampoco es cuestión de caer en la exageración. Mònica Lapeyra matiza que es posible que el grado de crispación sea desmesurado y eso no ayuda a vislumbrar la mejor de las soluciones posibles. “A veces nos facilita las cosas hacer el esfuerzo de salir de nuestra rígida posición: quizás exista una solución si cambiamos nuestra actitud”.
¿Cómo se traduce todo esto a nivel concreto? Esther López sugiere aplicar el sentido común, sin dejarse llevar por esas reacciones desmesuradas que lo único que hacen es alimentar el conflicto. “Hay gente quisquillosa que por cualquier actividad del vecino que se salga de lo habitual arma un escándolo desproporcionado. Así que si ese vecino causa molestias siempre hay que intentar racionalizar”. David D. Burns, catedrático de Psiquiatría y Ciencias de la Conducta en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, y autor, de entre otros libros, Sentirse bien, (Ed. Paidós) da unas claves para esa racionalización, tan sencillas como preguntarse por la ventaja o desventaja de ponerse furioso. “La última finalidad del análisis del coste-beneficio de las emociones consiste en que usted se pregunte: ¿En qué me ayudará sentirme de esta forma? ¿Cuáles son las ventajas? ¿En qué me perjudicará? ¿Cuáles son las consecuencias negativas? Si decide que sus sentimientos negativos son saludables y apropiados, los podrá aceptar y expresar de forma constructiva”.
En el caso del vecino molesto, en ese intento de racionalización, como explica Esther López, “puede que sea un incordio puntual, como una fiesta de cumpleaños del susodicho vecino. Si es así, ya sabes que eso sólo ocurrirá una vez al año. Hay que tenerlo presente porque tal vez tú también prepares alguna fiesta una vez al año. Hazlo saber al vecino, que te has enterado de su fiesta y le felicitas y le comentas que tú también lo celebrarás y que esperas que no moleste demasiado. A partir de aquí podéis pactar horarios si es que al día siguiente hay que madrugar. Conozco amigos que habían llegado a pactar con el vecino invitarse mutuamente a sus fiestas. El resultado fue positivo. Acordaron hacerlo en fin de semana y además ampliaron sus círculos de conocidos y amistades. Al fin y al cabo somos seres sociales”. Esther López también comenta que no hace falta llegar a ser amigos con los vecinos, pero es bueno ser accesible, “son las personas que tienes más próximas, y a veces puedes necesitarlas. Es saludable tener una relación, no quedarse aislado, pero también es necesario que cada uno sepa donde están los límites para no ser invasivo o no dejarse invadir”.
Vale, puede ser una solución para una molestia puntual. Pero, ¿y si se va haciendo repetitivo? Puede que la ira esté más justificada. ¿Qué hacer con la ira y el vecino? Matthew McKay, psicólogo ex director de la Unidad de atención psicológica Haight Ashbury, de San Francisco, y Peter Rogers, actual director de esta entidad, ambos autores de Guía práctica para controlar tu ira (Ed. Paidós) explican que la ira “es un modo de afrontar una situación. Ayuda momentáneamente a superar el dolor y la indefensión. Por unos instantes uno siente que ha recuperado el control, y por eso resulta tan difícil dominarla”. Por si fuera poco, estos expertos también afirman que hay muchos estudios sobre los efectos negativos de la ira reprimida, o dicho de otro modo: expresar la ira tiene sus beneficios. “Entender los beneficios que la ira puede reportarle a corto plazo podría ser un buen punto de partida para empezar a dominarla”. Después se extienden en explicaciones apuntando que la ira reduce el estrés, “es como si se hubiesen quitado un peso de encima”. Aunque reconocen que los efectos no tardan en desvanecerse y la tensión reaparece. “El estrés regresa para vengarse. Los estudios demuestran que la ira provoca más ira. Una explosión de ira aumenta las probabilidades de sufrir otro arranque en poco tiempo. Cada vez que se deja llevar por la ira para enfrentarse al estrés, el siguiente arranque se produce con mayor facilidad y es más violento (y más difícil de controlar)”. Además añaden que más tarde o más temprano “pagará usted el precio a modo de relaciones rotas”.
¿Qué hacer entonces? Según Esther López, ante todo no perder la calma ante el vecino que produce molestias reiteradas. “Primero de todo hacerle saber de la mejor posible que está molestando. Y ser asertivo si es necesario. Hay vecinos que no son demasiado conscientes de las molestias que ocasionan. Es necesario expresarlo de forma clara, pero tranquila. Si persiste, llamar a la policía, y al día siguiente decirle al vecino que has sido tú quien ha telefoneado a la policía por el ruido incesante, pero que esperas que haya sido un hecho puntual y que no vuelva a suceder. Hay personas que lo han hecho de esta manera y les ha funcionado”.
Funcione o no, Esther López insiste en la necesidad de “cultivar las habilidades sociales, porque al fin y al cabo somos seres que convivimos con más personas. Mejor hacer pactos que intentar que se cumplan a rajatabla las normativas municipales. ¿O es que los camiones de basura no hacen ruido de madrugada?”. Si puede ser, mejor llevarse bien con los vecinos y disfrutar juntos de alguna que otra fiesta. FIN TEXTO PRINCIPAL
LA VÍA DEL DIÁLOGO
Hay quien afirma que según el problema entre vecinos, el diálogo no es posible. Veamos. ¿Cuáles son las molestias más habituales? Sin duda los ruidos es una de las más comunes, como señala la Confederación Española de Consumidores y Usuarios. Pero también es motivo de conflictos entre los vecinos los impagos de cuotas a la comunidad de vecinos o la realización de obras para las que no se ha pedido permiso alguno, o la presencia de algunos animales domésticos, como destaca Consumer Eroski. En el caso de los ruidos, Jorge Pinedo, abogado de Pinedo y Asociados, un despacho especializado en reclamaciones por ruido, explica que no siempre es sencillo solucionar por ley el ruido producido por el vecino de al lado. Si alguien ensaya con un instrumento musical durante el día, puede
¿QUÉ DICE LA LEY?
Independientemente de si el diálogo ha dado sus frutos, no está de más saber qué dice la ley si los vecinos no se ponen de acuerdo. El artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal prohíbe tanto al propietario como al arrendatario el desarrollo en el piso o local de actividades prohibidas en los estatutos, o de aquellas que resulten perjudiciales para la finca. En caso contrario el presidente, a iniciativa propia o de otro propietario o inquilino, requerirá al vecino por escrito fehaciente (buró-fax, carta certificada, etcétera) el cese de las actividades molestas, informándole de que, en caso contrario, la comunidad iniciará acciones judiciales. Si el infractor persiste en su conducta, se convocará a la junta de propietarios para autorizar al presidente a iniciar una acción judicial de cesación. La demanda puede ir acompañada de la solicitud de medidas cautelares y una indemnización por daños y perjuicios. Si el infractor es inquilino, la comunidad puede solicitar en la demanda que sea expulsado de la vivienda o local. Además, la Ley de Arrendamientos Urbanos faculta al arrendador para rescindir el contrato por actividades molestas y nocivas. Si la comunidad de propietarios no actúa al respecto, cualquier propietario afectado también puede acudir a los tribunales por su cuenta. Todo eso si los vecinos residen en el mismo edificio. Si viven en otro edificio y tras informarles de las molestias que ocasionan, si la conducta persiste, presentar una demanda con opción a solicitar medidas cautelares en el juzgado civil. Puede alegarse ejercicio antisocial de los derechos en el demandado, responsabilidad extracontractual o intromisión ilegitima en la intimidad. Cuando el perjudicado es una comunidad de propietarios, convocar con urgencia junta extraordinaria de propietarios para autorizar al presidente a iniciar acciones legales. Si el perjudicado entiende que la actuación del ayuntamiento ha sido de pasividad, puede valorarse una reclamación de responsabilidad patrimonial al mismo.
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